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  • Foto del escritorVicaria Pastoral Juvenil Talca VPJ

Agradecer a los jóvenes, por ser familia

Después de un proceso de discernimiento este matrimonio decide dar un paso al costado en la conducción de la Vicaría de Pastoral Juvenil (VPJ). Fueron cinco años de aprendizaje, pero sobre todo “de estar ahí con los chiquillos, acompañándolos, cuidándolos, compartiendo su vivencia de familia”.


Rebeca y Esteban han sido los Delegados Episcopales para la VPJ desde la llegada a la diócesis del obispo Galo Fernández. Él hizo confianza en ellos, pidiéndoles que su experiencia de matrimonio, padres y familia la pudieran compartir con los jóvenes de nuestra diócesis.


Sentido familiar de la VPJ Ante la decisión de dejar este servicio, este matrimonio nos contó que “fue un tremendo desafío acompañar el proceso de la VPJ. Teníamos la experiencia en la parroquia, pero esto que nos pidió el padre Galo fue impensado. Al principio nos vimos un poco sobrepasados, en el sentido que no sabíamos cómo estaba organizada la VPJ. Habíamos sido asesores, pero esto era algo distinto. Fue un inmenso llamado que recibimos como matrimonio, fue desafiante por lo que había pasado en ese último tiempo en la VPJ. El obispo nos habló de hacer de la Pastoral Juvenil una familia y a eso nos abocamos, darle un sentido más maternal y paternal”

Algo que Rebeca y Esteban aprendieron fue a ganarse la confianza de los chiquillos: “La mejor manera de poder ganarse el corazón de los chiquillos es estando con ellos, siendo parte de las cosas que hacen. Una de las cosas más valorables fue aprender a trabajar en equipo, hacer comunidad, ser parte de cada una de las cosas que iban creando, no quedarnos fuera de eso. Sin duda teníamos limitaciones, tenemos hijas, responsabilidades laborales, pero ellos siempre nos vieron. Fue un servicio de tú a tú, los jóvenes fueron muy generosos con nosotros”.


Aprendizajes

Dentro de los logros o cosas que marcaron estos años estuvo el potenciar la presencia de asesores adultos, tanto en las zonas como en las diversas comisiones de la VPJ. “Un aspecto positivo y que nos marcó a todos fue lo sucedido con la pandemia, nos mantuvimos todo el tiempo unidos. El Covid nos separó, nos debilitó tremendamente, pero nunca dejamos de hacer nuestro Consejo Diocesano de VPJ de manera virtual. En otras diócesis la pastoral Juvenil se cerró, acá no sucedió eso”. “Tuvimos retiros, entrevistas, reuniones de forma remota, hubo que aprender a sobrellevar todo lo que implicó la pandemia. En eso los chiquillos fueron muy lúcidos, crearon cosas nuevas, las redes sociales fueron pan de cada día.

A pesar de que la pandemia nos golpeó tratamos de buscar espacio, nuestras casas fueron lugares para la VPJ. Eso nos fortaleció, los jóvenes no paraban de crear cosas, fue lindo darse cuenta de que Dios nunca abandona”. En estos años hubo estallido social y la casa de la VPJ fue incendiada. “El estallido social de 2019 surgió del mundo juvenil y nos dimos cuenta de que había que estar allí acompañándolos, los jóvenes querían manifestarse y nuestra misión fue no dejarlos solos (…) y el incendio de nuestras oficinas implicó rearmarse, ver otras oportunidades, fue parte de lo que nos tocó como Iglesia este tiempo”.


Iglesia de puertas abiertas

Una realidad de hoy es que hay menos presencia juvenil en las parroquias, esto ocurre a nivel mundial y nacional, “los jóvenes tienen un montón de ofertas de todo tipo, en vez de lamentarnos por esto hay que mostrar un Cristo alegre, cercano a los jóvenes, un Cristo que sea esperanza, que está con los chiquillos en medio de las dificultades. Estos años vimos un montón de jóvenes alegres, pero a su vez con un interior con tremendos dolores, tremendas cruces que cargan”.

“Un desafío que nos queda, tal como ha dicho el Papa Francisco, es cómo hacer de la Iglesia una pastoral popular, que no hay que entenderla como de pueblo, sino más bien de puertas abiertas, abierta a todos los jóvenes, incluso a los que piensan distinto”. “En el momento del adiós solo decir muchas gracias a Dios por estos 5 años, fue un espacio gratuito lleno de satisfacciones. Gracias al padre Galo por este servicio que nos otorgó, por su confianza. Gracias a nuestra Iglesia porque nos acogió con cariño. Gracias a los asesores, que no solo fueron nuestros brazos, también nuestros corazones. Pero sobre todo gracias a los jóvenes, a los que comenzaron con nosotros, a los que partieron y a los que se incorporaron en el camino, gracias por ser familia, gracias por estar conectados”.


Cabe mencionar que desde marzo el padre Rodrigo Molina asumirá como Vicario de Pastoral Juvenil.


Noticia publicada por la Revista "Comunicando, publicado en Enero del 2024: https://www.diocesisdetalca.cl/materiales/Comunicando_501.pdf



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